El objetivo de las investigaciones médicas es sanar enfermedades o atenuar sus consecuencias. Se crean muchos tratamientos para curar o aliviar ciertas enfermedades que en otra época eran incurables. Muchas personas tienen el privilegio de beneficiarse de los progresos de la medicina y pueden dar gracias a Dios por la inteligencia que dio al hombre en ese ámbito.

Pero debemos reconocer que el hecho de curar solo aplaza un final inevitable: la muerte. Cuando pensamos en nuestra última hora, nos hacemos esta pregunta: ¿Qué hay más allá de la muerte?

–Los que no hayan creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios tendrán que sufrir el juicio divino, porque durante su vida rechazaron el perdón ofrecido por Dios (lea Juan 3:18).

–Para los demás, Jesús dijo: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24). El creyente puede decir: Jesús entró en la muerte después de haber sufrido en mi lugar el juicio de Dios, a fin de poder liberarme de ese juicio para siempre. ¡Venció a la muerte, y esta victoria fue confirmada por su resurrección!

¡Qué maravillosa seguridad tenemos! Jesús se la dio también al ladrón que estaba crucificado a su lado y que se arrepintió: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Querido lector, ¿tiene usted esta esperanza?