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sábado 21 abril 2018
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Sostenido por Dios

Leer: Salmo 131 En verdad que me he comportado y he acallado mi alma; […] como un niño destetado de su madre está mi alma (v. 2).

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Cuando estábamos terminando de almorzar juntas, mi hermana le dijo a Annica, mi sobrina de tres años de edad, que era hora de tomar una siesta. Con ojos alarmados y llenos de lágrimas, la pequeña objetó: «¡Pero tía Mónica todavía no me sostuvo a upa hoy!». Mi hermana sonrió: «Está bien. Puede hacerlo. ¿Cuánto tiempo necesitas?». «Cinco minutos», contestó.

Mientras la abrazaba, di gracias de que, aun sin siquiera intentarlo, ella me recordó lo que significa amar y ser amado. A veces, pienso que olvidamos que nuestro andar de fe consiste en aprender a experimentar el amor —el amor de Dios— más profundamente de lo imaginable (Efesios 3:18). Si lo olvidamos, podemos parecernos al hermano mayor en la parábola de Jesús sobre el hijo pródigo, intentando ganarnos la aprobación del Señor, pero olvidando todo lo que ya nos ha dado (Lucas 15:25-32).

El Salmo 131 es una oración bíblica que puede ayudarnos a volvernos «como niños» (Mateo 18:3) y dejar de luchar mentalmente contra lo que no entendemos (Salmo 131:1). Por eso, al pasar tiempo con el Señor, recuperamos la paz (v. 2) y la esperanza que necesitamos (v. 3) en su amor… tan arrullados y tranquilos como si volviéramos a ser niños en brazos de nuestra mamá (v. 2).

Señor, ayúdanos a refugiarnos más profundamente en tus brazos de amor.
Como niños, podemos aprender a descansar en el amor de Dios.
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