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sábado 21 abril 2018
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Una vida en tiendas

Leer: Génesis 12:4-9 Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda… (v. 8).

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Como crecí en Minnesota, un lugar conocido por la gran cantidad de lagos hermosos, me encantaba salir a acampar para disfrutar de las maravillas de la creación de Dios. Pero dormir en una tienda endeble no era lo que más me gustaba de la experiencia; en especial, cuando una noche lluviosa y una tienda con goteras terminaban en una bolsa de dormir empapada.

Me maravilla pensar que uno de los héroes de la fe pasó cien años en tiendas. A los 75 años, Abraham escuchó el llamado de Dios para que dejara su tierra y el Señor lo convirtiera en una nueva nación (Génesis 12:1-2). Abraham obedeció, y por el resto de su vida, hasta que murió a los 175 años (25:7), vivió en tiendas, lejos de su tierra natal.

Tal vez Dios no nos llame a vivir como nómadas, como hizo con Abraham, pero mientras amamos este planeta y servimos a quienes viven en él, quizá anhelemos más profundamente lo que significa tener un hogar. Como Abraham, cuando el viento sacuda nuestras cubiertas endebles o la lluvia las empape, podemos mirar con fe a la ciudad por venir, aquella cuyo «arquitecto y constructor es Dios» (Hebreos 11:10). Que podamos, como él, tener la esperanza de que Dios está obrando para hacer nueva su creación, una futura «patria mejor, esto es, celestial» (v. 16).

Señor, gracias por ser mi refugio.
Dios nos da un cimiento sólido para nuestras vidas.
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