«Positivismo», es la palabra de moda utilizada para motivar a la gente a ver siempre el lado bueno de las cosas. En un mundo como el nuestro, donde las malas noticias abundan cada día, se siente la necesidad de ser positivo. Pero decir que uno es feliz sin interesarse por Dios, es alimentar vanas ilusiones. La Biblia nos dice: “Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6:6). Ser piadoso es tener una relación de confianza con Dios y obedecer lo que él nos dice en la Biblia. Si esto nos basta, ¡qué fuente de gozo tenemos!

Algunos se refieren a la enseñanza del «sermón del monte», particularmente a las «bien-aventuranzas», como un medio para mejorar el mundo. Allí Cristo llama sucesivamente “bien-aventurados”, o felices, a nueve grupos de personas, las cuales no están necesariamente en una situación fácil, pero ponen su confianza en Dios (Mateo 5:1-12).

¿Se puede concluir que nuestro Señor era positivista? En el evangelio de Mateo, las primeras enseñanzas del Señor son las bienaventuranzas. Sin embargo, un tiempo después, rechazado por la gente que no soportaba su mensaje de amor y de verdad, él fue llevado a pronunciar ocho veces: “¡Ay de vosotros!” (cap. 23).

Dios no embellece el mundo, esto sería darle una apariencia que no corresponde a la realidad. Nada escapa a su apreciación. Ver ilusoriamente el lado positivo lleva al infortunio. Pero reconocer que estoy perdido delante de Dios, y aceptar su gracia en Jesús, es el camino seguro para encontrar y mostrar lo que es la verdadera felicidad.