Dios aún nos da precisiones claras sobre la forma de mostrar su amor en la pareja cristiana. Para el marido, la misión principal es amar a su esposa con un espíritu de devoción “como Cristo amó a la iglesia”. Sabemos cuánto la amó: ¡renunció a todos sus derechos y dio su vida por ella! Amar a su esposa es mucho más que proveer el sustento diario. Es saber agradecerle, saber ser bueno, sincero, paciente, saber hablarle con dulzura aun cuando vuelva cansado del trabajo, saber colaborar con los niños… Es buscar su felicidad, su bienestar en todos los aspectos: físico, social, afectivo y espiritual.

“Como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:24). Este es un llamado dirigido a la esposa cristiana. En ningún caso es una autorización para que el marido le exija esta sumisión. Su responsabilidad es cuidar de ella. Asimismo es tratar de comprenderla, “dando honor a la mujer” (1 Pedro 3:7).

Esta sumisión de la esposa cristiana a su esposo ha de ser “como al Señor”. Ella debe reconocer, detrás de su esposo, al Señor como la autoridad gobernante en la vida familiar.

Esposos y esposas, manifestemos a nuestro cónyuge la misma bondad que Dios manifiesta hacia nosotros. Así consideraremos sus defectos, no como un desastre, sino como una oportunidad de imitar el perdón de Cristo hacia nosotros.

De esta manera nuestra vida conyugal será una ilustración del amor de Cristo por su Iglesia.