Una roca evoca algo estable, sólido. A menudo la Biblia emplea la imagen de la roca para hablar de Dios. Así nos invita a confiar y a construir nuestra vida con él. Solo él es y será siempre inmutable.

–La Roca inquebrantable: Moisés escribió: “Engrandeced a nuestro Dios. Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad” (Deuteronomio 32:3-4).

–La Roca golpeada: cuando su pueblo estaba en el desierto, Dios dijo a Moisés: “Golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo” (Éxodo 17:6). Este episodio anunciaba a Jesús, dando su vida en la cruz, como “golpeado” por Dios en nuestro lugar. De su muerte derivan todas nuestras bendiciones.

–La Roca a quien uno habla: Moisés golpeó la roca una sola vez, y luego era suficiente hablarle para que ella diera agua: “Hablad a la peña… y ella dará su agua” (Números 20:8). Hoy es necesario acercarse al Señor Jesús y hablarle: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37).

–La Roca, nuestro refugio: Perseguido por sus enemigos, el rey David a menudo se escondía en cuevas al abrigo de las rocas. Hoy Dios también quiere manifestarse así a nosotros: “Señor, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré” (Salmo 18:2).

Creamos en el Señor Jesús, él es la Roca. Podemos apoyarnos en él en toda circunstancia.