En la Biblia, David es un ejemplo notable de alguien que confía en Dios. En los salmos describe sus experiencias con Dios: “El Señor es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré” (Salmo 28:7). “Mas yo en ti confío, oh Señor; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:14-15).

¿Cómo manifestamos diariamente nuestra confianza en Dios?

–Creyendo lo que él nos dice en la Biblia. Todos podemos constatar la sabiduría con la que la Palabra de Dios dice la verdad sobre todos los interrogantes que surgen en nuestro espíritu. ¡Qué fuente de paz cuando nuestra vida está basada en una plena confianza en el plan de Dios, en sus promesas y sus liberaciones!

–Poniendo nuestra confianza en su amor. Dios nos amó más allá de toda medida cuando entregó a su Hijo Jesús para que muriera en la cruz por nuestros pecados. Lo hizo para salvarnos, para hacer de nosotros sus hijos.

Hoy Dios nos ama con el mismo amor. No importa cuáles sean las circunstancias de nuestra vida, él siempre desea nuestro bien. Es un Padre lleno de bondad, aun cuando a veces no comprendemos por qué permite que pasemos por momentos difíciles. Si confiamos en el amor de Dios, su paz reinará en nuestro corazón.

“Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré” (Salmo 91:2).