Cierta mañana una madre de familia hizo unas galletas para la hora de la merienda y las puso en el comedor. Carlos y Sara decidieron ir a jugar precisamente en ese lugar de la casa.

–¡Oh, qué galletas tan ricas!, exclamó Carlos, voy a tomar una.

–No debes hacerlo, dijo Sara reteniéndolo, mamá se va a enojar, ¡son para la merienda!

–No las contó, dijo el niño.

–Sí, pero el Señor Jesús dice que incluso los cabellos de nuestra cabeza están contados (Mateo 10:30), y Dios te ve.

Dios sabe contar. Un día un rey pagano tuvo que experimentarlo (Daniel 5). Belsasar había olvidado a Dios, pero Dios había contado y evaluado cada uno de los días de su reino. Y una noche de orgía de repente Belsasar, aterrorizado, vio la mano de Dios escribir en la pared de la sala del festín: “Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin” (Daniel 5:26). ¡Había llegado el momento de ajustar las cuentas! El profeta Daniel explicó el sentido de esta inscripción: «Dios contó tu reino y le ha puesto fin. Has sido pesado en la balanza y fuiste hallado falto. Tu reino ha sido roto y dado a tus enemigos». Esa noche el rey fue asesinado y el reino de Babilonia pasó a manos del imperio de los medos y los persas.

Los días de cada uno de nosotros están contados, pero no sabemos cuántos nos quedan. Por ello es urgente prepararse para el encuentro con Dios. ¡No esperemos a que Dios nos pida cuenta de nuestros actos!