Acaban de repavimentar este camino —pensé cuando los autos frenaban—, ¡y ahora lo están rompiendo otra vez! Entonces, me pregunté: ¿Por qué nunca terminan de construir caminos? Es decir, nunca vi un cartel que anunciara: «La empresa de pavimentación ha finalizado. Por favor, disfrute este camino perfecto».

Pero algo similar sucede en mi vida espiritual. Cuando puse mi fe en Cristo, imaginaba alcanzar un estado de madurez cuando tendría todas las respuestas, cuando estuviera «suavemente pavimentado». Treinta años después, confieso que todavía estoy «en construcción». Tal como los caminos con baches eternos por donde transito, nunca parezco estar «finalizado». A veces, me produce la misma frustración.

Pero Hebreos 10:14 contiene una promesa asombrosa: «porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados». La obra de Jesús en la cruz ya nos salvó. Completamente, perfectamente. A los ojos de Dios, estamos completos y finalizados. Pero la paradoja es que mientras estamos en la tierra, ese proceso aún no ha terminado. Seguimos siendo transformados a la imagen de Cristo: «santificados».

Un día, veremos a Jesús cara a cara, y seremos como Él (1 Juan 3:2). Pero hasta ese día glorioso, seguimos «en construcción».