¿Le gustaría que hubiese más justicia en la tierra?

Quizá este sea su deseo. El mundo actual está lleno de injusticias que a menudo provocan celos y amargura en las personas que las sufren. Los comportamientos egoístas se multiplican, las desigualdades sociales son cada vez más marcadas. Entonces la gente acusa a Dios de permitir todo esto, de no interesarse en el mundo. E incluso algunos dicen: ¿Puede él verdaderamente hacer algo?

Hace más de 2000 años Dios envió a su Hijo a la tierra, prueba contundente de todo el interés que tiene por nosotros. Jesucristo “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). Sus contemporáneos tuvieron que reconocer su amor, su gracia y su perfección moral. Dijeron: “Nada digno de muerte ha hecho este hombre” (Lucas 23:15), sin embargo lo crucificaron. Ese día se cometió la mayor injusticia, se condenó a muerte al único hombre justo. Pero Dios lo resucitó, y Jesús subió al cielo. Su presencia en el cielo muestra que la justicia de Dios fue satisfecha por su sacrificio en la cruz.

Hoy, aunque no hay hombre justo en la tierra, “ni aun uno” (Romanos 3:10), la justicia de Dios por la fe en Jesucristo se ofrece a todos mediante el Evangelio. Todos los que creen son “justificados gratuitamente por su gracia” (Romanos 3:24), gracias al precio que Jesús pagó cuando murió en la cruz.