Estos son algunos extractos de un periódico reciente: «Una empresa californiana acaba de desvelar un proyecto investigativo que trata de descubrir los secretos de la salud humana… La sociedad se puso como objetivo aplazar los límites del envejecimiento e incluso de la muerte», gracias a las nuevas tecnologías. De esta manera se podrían detectar, muy temprano, todas las anomalías en el cuerpo humano para corregirlas y prolongar la vida hasta… ¿por qué no?… ¡La inmortalidad en la tierra! Este es el viejo sueño del hombre que quiere vivir sin Dios… El autor del artículo añade: «Esto nos hace estremecer y soñar a la vez».

Nosotros solo diríamos que nos hace estremecer. Cuando algunos hombres terminan por hacerse pasar por dioses, Dios el Creador les recuerda que él es quien hace vivir y morir, y que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

Para obtener la vida eterna es inútil contar con los miles de millones de dólares que son empleados en la investigación. ¡Solo basta con aceptar el don gratuito de Dios! “La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Recibimos ese don si reconocemos como Salvador a Jesucristo, el Hijo de Dios, quien murió para expiar nuestros pecados, y resucitó, dando así la prueba de su victoria sobre la muerte. Jesucristo mismo declaró: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). No se trata solo de tener una vida sin fin, en el más allá, sino que desde ahora el creyente puede decir: “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21).