Al final de una manifestación contra las guerras y la violencia, realizada en julio de 2014 en París, las fuerzas del orden fueron agredidas, las vitrinas rotas, los comercios saqueados, violentas escenas estallaron en varios sectores de la ciudad. ¡Demostración concreta del estado del corazón del hombre!

Cuando Jesucristo vino a la tierra, reveló el corazón de Dios, trayendo la gracia y la verdad. Él dijo: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lucas 6:27-28). La gente estaba maravillada de las palabras de gracia que salían de su boca (Lucas 4:22). Jesús ponía en práctica lo que decía: “cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23).

Crucificando a Jesús, el hombre no solo demostró su tendencia a hacer el mal, sino también a rechazar el bien. Jesús dijo: “Sin causa me aborrecieron” (Juan 15:25). “Me devuelven mal por bien, y odio por amor” (Salmo 109:5). El estado desesperado del hombre pone en evidencia la grandeza de la obra de Cristo.

Esta obra renueva totalmente el corazón de todo el que reconoce su estado ante Dios. Siendo enemigo de Dios, hijo de ira, se convierte en hijo muy amado del Padre por la fe en la obra de Cristo. Jesús lo libera de todo lo que era en otro tiempo, para que pueda amar como él y seguir su ejemplo.