Lectura propuesta: Éxodo 3:1-22

Pasaje bíblico: En la corte del rey, Moisés era considerado como el hijo de la hija del Faraón. Un día fue a ver a su pueblo, los israelitas, quienes estaban esclavizados. Sin embargo las cosas terminaron mal; Moisés tuvo que huir para salvar su vida, y llegó a ser pastor de ovejas en el desierto.

Cuarenta años más tarde, mientras cuidaba su rebaño, Moisés vio una zarza ardiendo, pero ¡la zarza no se consumía! Entonces Dios lo llamó de en medio de la zarza: “¡Moisés, Moisés!”, y le dijo: “he visto la aflicción de mi pueblo”. Esta zarza es una imagen del pueblo de Moisés, perseguido pero no destruido. Dios estaba en medio de ese pueblo y lo protegía; él conocía sus sufrimientos e iba a utilizar a Moisés para liberarlo.

Aplicación: La revelación que Dios dio en la Biblia permanece, las promesas que hizo subsisten. Sin embargo, las persecuciones contra los cristianos siempre están presentes. Pero la fe cristiana no será destruida, pues el Señor Jesús prometió que ningún poder, ni siquiera el diablo, podría destruirla.

Si estamos en el “fuego de prueba” (1 Pedro 4:12), el Señor nos interpela, a cada uno por su nombre, para darnos la seguridad de que conoce todo y que intervendrá. También puede emplearnos para ayudar a nuestros hermanos que sufren, mediante visitas, dones, oración…