Génesis, el primer libro de la Biblia, nos relata la historia de Noé. Este hombre creía en Dios y deseaba obedecerle. En su tiempo, “se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia” (Génesis 6:11). Los contemporáneos de Noé vivían según sus pensamientos de maldad. Entonces Dios decidió destruirlos.

Pero antes de eso les tuvo mucha paciencia. Pidió a Noé que construyera un gran barco. Construir el arca sobre la tierra firme debió llevar a los hombres a cuestionarse y a reconocer sus faltas. El juicio inminente fue anunciado durante todo el tiempo de la construcción. Cuando llegó el momento, Dios ordenó a Noé y a su familia entrar en el arca. Luego Dios mismo cerró la puerta. Entonces comenzó a llover hasta que la tierra quedó sumergida. Solo sobrevivieron las personas que habían entrado en el arca.

De la misma manera, hoy se prepara el juicio para todos los hombres. Es inminente. El desenfreno moral y la violencia lo atestiguan. El juez ya ha sido nombrado. Es Jesús, el hombre que resucitó de entre los muertos (Hechos 17:31). Pero Dios ha dado un medio de salvación para todos los que quieren ir a él reconociendo sus pecados. Se trata de la misma persona: su propio Hijo Jesucristo, quien vino a la tierra para sufrir y morir en la cruz en nuestro lugar. Todos los que creen que Jesús murió por ellos escaparán al juicio, como Noé y su familia, protegidos en el arca, escaparon al diluvio.

Lector, Dios lo ha esperado pacientemente hasta el día de hoy. No se deje sorprender por el juicio, acuda a Jesús ahora mismo.