“Venid”, “volved”: estos llamados son frecuentes en la Biblia. Es la voz de Dios que nos invita: “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid” (Isaías 55:1). Esta invitación se dirige a todos los que sienten un vacío en sus vidas, a quienes sienten la necesidad de encontrar a Dios.

“Venid luego, dice el Señor, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana (de color púrpura), como la nieve serán emblanquecidos” (Isaías 1:18). Todos estamos invitados a ir a Dios a causa de nuestros pecados. ¿Quiere él acusarnos? No, él nos habla de perdón, de pureza, si reconocemos que hemos obrado mal.

“Venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma” (Isaías 55:3). Escuchando atentamente la voz de Dios mediante la lectura de su Palabra, la Biblia, recibimos la vida divina y la alimentamos.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Jesús nos invita: si estamos cansados o desesperados, vayamos a él. Hablémosle simplemente, con nuestras palabras, sin esconderle nada. Contémosle nuestras preocupaciones y nuestras penas.

“Venid, que ya todo está preparado” (Lucas 14:17). Jesús hizo todo para concedernos su perdón. Dios recibe como hijos suyos a quienes se acercan a Jesús.

“Ven y ve” (Juan 1:46). Amigo, acérquese y escuche el Evangelio. El primer paso quizá sea abrir una Biblia, hablar con un cristiano, asistir a una reunión cristiana… ¡No tarde más en decir: «Sí, Señor Jesús, voy a ti»!