Esta fórmula se convirtió en la divisa de Steve, actor legendario y gran aventurero. Dios no tenía ningún lugar en su vida. A alguien que le preguntó si creía en Dios, Steve le respondió: «Yo creo en mí». A los 49 años de edad dijo a uno de sus amigos: «He escapado a la muerte tan a menudo que a veces me pregunto por qué estoy vivo todavía. Es como si alguien que me vigila hubiera cuidado de mí todas esas veces».

En aquella época, a menudo Steve tuvo la oportunidad de conversar con un cristiano sobre el tema de Dios y de la Biblia. Hasta ese momento él solo se interesaba en el dinero, en el éxito y en los placeres de la vida, pero ahora el recuerdo de sus pecados turbaba su conciencia. Como resultado de estos contactos, Steve halló el perdón y la paz por la fe en Jesucristo. Semanas más tarde descubrió que tenía un cáncer incurable. Su vida en la tierra pronto se acabaría, pero su alma estaba en paz. Steve sabía que tenía la vida eterna porque creía en el Hijo de Dios. Los últimos meses de su vida en esta tierra pudo apoyarse apaciblemente en su Salvador. Fue así como a los 50 años entró en la eternidad.

Jesús aún da esta paz interior a todos los que están cansados y cargados: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos” (Eclesiastés 12:1).