¡Qué imagen sorprendente! Una espada es un objeto material, metálico, duro, mientras el Espíritu es invisible, inmaterial, insuperable… En los combates de la fe, el cristiano debe tomar “la espada del Espíritu”, un arma espiritual, penetrante, incluso viva. ¿Cuál es esta espada? Es la Palabra de Dios, el mensaje de la Biblia. A través de ella podemos luchar contra los ataques espirituales, los razonamientos mentirosos y los dardos de la incredulidad.

Para manejar bien esta arma, es necesario haber experimentado su poder personalmente. Ella debe haber penetrado nuestro corazón, nuestro espíritu, habernos convencido de que el mal está en nosotros y, a la vez, que el amor de Dios es por nosotros.

La Palabra de Dios revela la perfección moral de la vida de Jesús. Pero también pone a la luz “los pensamientos y las intenciones” de nuestros corazones: no solo los pecados evidentes, sino más bien los deseos, las motivaciones opuestas a la vida de Jesús. Él “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38), sin ningún rastro de egoísmo, ¡mientras muy a menudo nosotros vivimos para nosotros mismos!

La Biblia muestra todo lo que, en nuestros corazones, viene de la naturaleza pecadora, es decir, la carne. Y cada vez que la voluntad de la carne y sus codicias están en acción, la Palabra de Dios obra como un bisturí para quitar el mal. Y al mismo tiempo nos da confianza y esperanza en el Señor. La Palabra desenmascara el mal y trae la gracia de Dios. Es la única arma ofensiva del cristiano.