Muchos hombres creen en la existencia de un poder superior. Sienten que el mundo no pudo haber nacido de la casualidad. Sin embargo, cuando se trata de buscar a ese «Ser supremo», muchos se dejan llevar por personas o ideas que no tienen nada que ver con el verdadero Dios. Son influenciados por teorías filosóficas o doctrinas religiosas que los alejan de aquel Dios a quien buscan.

Sin embargo, Dios ciertamente se revela a quienes lo buscan. Lo hace a través de las obras de la creación, las cuales testifican del poder de Dios y hacen inexcusables a quienes rehúsan ver la mano del Creador (Romanos 1:20). Y, sobre todo, mediante la Biblia, su Palabra, el «documento» que hizo redactar por medio de fieles hombres de Dios inspirados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:21), la cual nos revela sus pensamientos y sus intenciones.

Moisés decía al pueblo de Israel: “Si… buscares al Señor tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma” (Deuteronomio 4:29).

Saulo, quien más tarde sería el apóstol Pablo, lo experimentó. Creía agradar a Dios persiguiendo a los creyentes, pero el Señor lo detuvo y se reveló a él: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (Hechos 9:5). Este encuentro no dejó ninguna duda en su espíritu; más tarde pudo escribir: “Yo sé a quién he creído”.

Buscando en la fuente divina, en la Palabra de Dios, podemos estar seguros de que en ella encontraremos a Dios si lo buscamos de todo corazón. Entonces también podremos decir: “Yo sé a quién he creído”.