Un excursionista dejó caer su cámara fotográfica en una pendiente abrupta de los Alpes. La cámara descendió a toda prisa y quedó atrapada bajo un arbusto, fuera de su alcance. ¿Cómo recuperarla? El excursionista tenía una cuerda, pero, ¿dónde podría fijarla para descender sin riesgo? Un joven pastor se acercó y, luego de algunos intercambios, nuestro amigo le pidió ayuda para recuperar su cámara. «Yo te sostengo con mi cuerda», le aseguró.

El muchacho examinó al extranjero con aire escéptico y luego desapareció. Poco después volvió acompañado por un fornido montañés de aspecto afable. «Ahora voy a descender con la cuerda, dijo, pero este hombre la sujetará: él es mi padre».

¿Quién sujeta la cuerda que nos «asegura» en la vida? Esta es la pregunta. Dios nos conoce. Él está al tanto de todos los detalles de nuestra vida. Él sabe cómo sujetarnos. Podemos confiar completamente en él. Con él estamos seguros, pero debemos entregarnos enteramente a él y a su poder, con todo lo que tenemos y lo que somos.

Todos los hijos de Dios por la fe en Jesucristo saben que son amados, llevados y sostenidos firmemente por Dios, como hijos “engendrados… de Dios” (Juan 1:12-13). “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece el Señor de los que le temen… La misericordia del Señor es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen” (Salmo 103:13, 17).