Los dos versículos citados en el encabezamiento parecen contradecirse, pero no es así. Al contrario, se complementan.

– El primero fue extraído de la epístola a los romanos, donde el apóstol Pablo presenta el tema del Evangelio de Dios (Romanos 1:1). Bajo la guía del Espíritu Santo, demuestra a sus oyentes que el hombre es absolutamente incapaz de salvarse a sí mismo, que esa salvación fue cumplida solamente por Dios, y que es suficiente aceptar por fe ese don gratuito.

– El segundo versículo fue escrito por el apóstol Santiago, quien desarrolló algunos aspectos prácticos de la vida del cristiano. Entre otras cosas nos explica que no sería normal que la fe del creyente pase desapercibida. Por el contrario, debe materializarse en obras que Dios ve y que en general son visibles a todos.

Para Pablo, la fe es la obra de Dios que produce una nueva vida. Para Santiago, las obras son la prueba de la existencia de esa nueva vida.

Si se nos ocurriera ufanarnos de las obras que realizamos, Pablo nos recuerda: “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8). Si, al contrario, nos dejamos invadir por la pereza, Santiago nos dice: “Yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2:18).

No olvidemos ninguna de estas dos realidades, y agradezcamos a Dios por la perfección de su Palabra.