Patricio se dirigía a un pueblo aislado en África para anunciar el Evangelio. Era la estación de lluvias y el camino se hallaba en muy mal estado. Poco después de su partida, un neumático de su automóvil estalló. ¿Debía renunciar y dar marcha atrás? No, Patricio tenía la convicción de que debía continuar y cambió el neumático bajo una lluvia torrencial. ¡Llegó empapado, pero llegó!

Los habitantes del pueblo, impresionados por su tenacidad, se dijeron: «Debe ser muy importante lo que viene a decirnos». Entonces un gran número de ellos se acercó y escuchó atentamente el mensaje que Patricio quería comunicarles. Muchos de ellos aceptaron a Jesucristo como su Salvador.

¿Por qué Patricio no retrocedió ante la adversidad? Porque sabía que Dios amaba a esas personas y deseaba salvarlas. No se sorprendió por ese incidente desagradable, pues sabía que Satanás trata de oponerse al Evangelio por todos los medios. Si Patricio hubiera renunciado, Satanás habría obtenido una victoria. Pero no se dejó turbar ni desanimar. Dios permitió este obstáculo para sacar un bien de ello.

Cristianos, todos encontramos obstáculos en nuestro camino. A veces Dios quiere detenernos, y no debemos obstinarnos si estamos en un mal camino. Pero si sabemos que Dios nos aprueba, no nos dejemos turbar en cuanto surja una dificultad. Perseveremos y confiemos en él tranquilamente. No tardará en transformar las dificultades en circunstancias positivas, para su gloria.