Es difícil decir no, y sobre todo hacerlo en voz alta, en contra de lo que dice la mayoría. Es difícil ser diferentes.

Sin embargo hay hombres que se animaron a decir no. Un no que cambió sus vidas y fijó su rumbo. Moisés tenía un porvenir trazado, era considerado como nieto del Faraón que reinaba en Egipto. Tenía el poder y las riquezas a disposición. Sin embargo, “rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (Hebreos 11:24-25).

Para usted también hay actividades en las cuales no puede participar, situaciones cuyos fines sabe que no son buenos. Diga no cuando quieran hacerlo pasar por alguien que usted no es en realidad. Diga no si quieren cambiar el sentido de las declaraciones divinas y sembrar dudas en su corazón respecto a la Palabra de Dios. Diga no si el diablo quiere arrastrarlo a pecar, o si quiere hacerle creer que puede hacerlo porque nadie se dará cuenta.

Diga no si algo es prohibido, por más inocente que parezca. Diga no si se burlan de sus reservas y lo tildan de ridículo. Diga no si quieren invitarlo a un lugar donde su Salvador no puede ir con usted. Diga no si hablan mal de otros delante de usted. Cierre sus oídos a las maledicencias y calumnias.

Pero nunca sea orgulloso o soberbio al decir no. Hágalo con sencillez pero claramente, con un corazón decidido.