Corrie Ten Boom, liberada por error, en diciembre de 1944, del terrible campo de concentración de Ravensbrück, pasó el resto de su vida dando testimonio del amor de Dios. Su fe, muy probada por el horror que vivió diariamente, por la pérdida de su padre y de su hermana, también detenidos, triunfó ante tanta adversidad.

Acostumbraba ilustrar sus mensajes con imágenes. Por ello siempre llevaba en su bolso un trozo de tela bordada con hilos de color oscuro, y con hilos dorados y plateados. Por el reverso de la tela solo se veía una multitud de hilos entrelazados. Corrie mostraba ese lado de la tela y decía: «Este bordado es una imagen de nuestra vida. Dios escoge los colores y los dibujos. Trabaja cada día, mezclando días oscuros y días felices… A menudo olvidamos que Dios ve la obra al derecho, mientras nosotros solo vemos el revés. Cuando el bordado se termine y podamos interrogar al Gran bordador, nos dirá que los hilos negros tienen tanta utilidad como los hilos dorados, pues todos forman parte del modelo que él escogió». Luego Corrie volteaba la tela y, en vez de ver hilos entremezclados, se podía ver una corona de oro.

Si somos incapaces de entender el plan de Dios para nuestras vidas, confiemos en él. Al final su objetivo es hacernos bien. Fortalecidos por sus promesas, convencidos de que Dios es soberano y que nos dará fuerzas para cada día, podremos tener paz en nuestro corazón en los momentos difíciles.